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lunes, 19 de diciembre de 2011

La Muerte de un Burócrata: Una Venganza Poética de Tomás Gutiérrez Alea

Una de las ventajas de ser guionista es que, cuando alguien te fastidia, puedes utilizar la venganza poética para liberar sentimientos negativos y fobias varias. Eso es lo que hizo el cineasta cubano Tomás Gutiérrez Alea (1928-1996) en su cuarto largometraje “La Muerte de un Burócrata” en 1966. Según él mismo confesara años más tarde:

“Decidí hacer esta película a partir de una experiencia personal. Puede sucederle a cualquiera. Me vi de pronto atrapado en los laberintos de la burocracia a partir de unos problemas muy simples y elementales que quise resolver. Perdí mucho tiempo en eso y decidí hacer justicia por mis propias manos. Pensándolo bien –me dije- mejor hago una película y así me evito líos con la policía. […] Creo que muy pocos burócratas se reconocieron como tales ante el filme. Seguramente se reían, eso sí, de los otros burócratas, los que ellos mismos han tenido que padecer en alguna ocasión”. (1)
El argumento de este guión escrito por Tomás G. Alea, Alfredo del Cueto y Ramón F. Suárez empieza así:
Paco, fabricante de bustos del héroe cubano José Martí, muere accidentalmente y sus compañeros del sindicato deciden, como homenaje, enterrarlo con su carnet laboral. Cuando su esposa (Silvia Planas) y su sobrino Juanchín (Salvador Wood) van a solicitar la pensión de viudedad de la primera, el funcionario que les atiende les dice que para tramitar la pensión es imprescindible presentar el carnet laboral del difunto.
Como la única forma de recuperar el documento es exhumar el cadáver y la burocracia se lo impide, Juanchín decide desenterrar a su tío clandestinamente. Pero lo que iba a ser simplemente abrir la tumba, coger el carnet laboral y volver a cerrarla, se complica y el protagonista acaba llevándose el cadáver a su casa.
Juanchín piensa que volver a sepultarlo no será un problema pero el funcionario que dirige el cementerio le dice que no se puede enterrar a alguien que, según el registro, ya ha sido inhumado. Aquí empieza el via crucis de Juanchín, de oficina en oficina y de funcionario en funcionario, mientras intenta frenar la descomposición del tío Paco conservándolo entre cubitos de hielo...
Más allá de la anecdótica “venganza” de Tomás G. Alea en “La Muerte de un Burócrata”, la película es una divertidísima comedia negra, para el espectador, y una tragedia para el protagonista que se va hundiendo en una historia kafkiana y repleta de situaciones absurdas durante los 85 minutos que dura el filme.
Para delicia de los cinéfilos, Tomás Gutiérrez Alea rinde homenaje a sus cineastas favoritos y hace guiños a escenas y situaciones de películas de Luis Buñuel (Un Perro Andaluz), Harold Lloyd (la escena del reloj de Safety Last), Buster Keaton (transformando las “guerras de tartas” en “guerras de coronas mortuorias”), Charles Chaplin (Tiempos Modernos), las peleas de Laurel y Hardy… Lo que constituye un aliciente extra para decidirse a ver “La Muerte de un Burócrata”, un clásico del cine en español.

(1) Cineaste. Nueva York, 1979. “Un apoyo moral a las víctimas del burocratismo”, entrevista de Gary Crowdus a Tomás G. Alea.

miércoles, 10 de agosto de 2011

Monsieur Verdoux: El Asesinato Como Actividad Laboral


Monsieur Verdoux (Charlie Chaplin, 1947) es un modesto empleado de banca al que la crisis económica ha enviado al paro. Cuida con amor a su esposa minusválida y enseña a su hijo a no ser cruel con los animales, a ser honrado y bondadoso.

Monsieur Verdoux es vegetariano, adopta gatitos callejeros y tiene los modales y la cortesía de un auténtico caballero.

Cuando empieza la película, nos presentan a Henri Verdoux cuidando con mimo los rosales de su jardín y salvando la vida de una oruga... mientras la chimenea de su incinerador destruye el cadáver de su última víctima.

Y es que el protagonista de Monsieur Verdoux, cuando se quedó en paro decidió emprender un peculiar negocio: seducir a mujeres maduras y con solvencia económica, casarse con ellas, apoderarse de sus bienes y matarlas.

Tiene varias esposas repartidas por toda Francia y las va liquidando a medida que necesita su dinero.

Su familia, ignorante de la nueva "actividad laboral" a que Henri Verdoux se dedica, lamenta que pueda pasar tan poco tiempo en casa debido a lo mucho que tiene que viajar a causa de su "empleo".

Resulta difícil imaginarse al entrañable vagabundo Charlot como a un asesino en serie e imagino que, en el momento de su estreno, los espectadores quedarían asombrados.

Lo cierto es que, cuando uno ve Monsieur Verdoux no puede evitar identificarse con el criminal y desearle suerte en sus "negocios". Sobre todo cuando uno de sus "negocios" (una simpática y alocada viuda) se le resiste. La víctima en cuestión deshace todos los intentos de Monsieur Verdoux por asesinarla sin darse cuenta de las intenciones de este.

Charlie Chaplin definía, en el New York Times, la filosofía de su personaje con la siguiente frase: "Von Clausewitz dijo que la guerra es la extensión lógica de la democracia; M. Verdoux piensa que el asesinato es la extensión lógica de los negocios".

Es cierto: Este asesino de mujeres no entiende por qué se le persigue ni por qué la gente se escandaliza tanto por sus crímenes. Piensa que es una reacción exagerada, que no se puede comparar a un asesino en serie con una matanza bélica: "Por un asesinato se es un villano; por miles se es un héroe. Los números santifican".

Y es que si algo muestra con claridad la tragicomedia Monsieur Verdoux, es la facilidad que tenemos los seres humanos para justificar, ante los demás y ante nosotros mismos, nuestros peores actos.



lunes, 4 de julio de 2011

El Cochecito: Ternura y un Poquito de Crueldad

El Cochecito, es una comedia negra con toques de humor del absurdo, bastante ternura y un poquito de crueldad.

Su argumento es el siguiente:

Cuando Lucas (José Álvarez "Lepe"), un jubilado paralítico, cambia su tradicional silla de ruedas por un cochecito de minusválido con motor, conoce a otros discapacitados "motorizados" con los que empieza a salir y deja un poco abandonado a su mejor amigo, Don Anselmo (José Isbert).

Don Anselmo comprende que, si quiere que el grupo de discapacitados le acepte, tendrá que dejar de caminar por su propio pie y comprarse un cochecito como los que ellos usan; a lo que la familia del anciano, lógicamente, se opone.

Así empieza una "batalla" sin cuartel entre Don Anselmo y su familia que durará hasta el final del film.

Siempre he pensado que las películas del Neorrealismo Italiano y el mejor cine español de los cincuenta y los sesenta (Berlanga, Bardem, Buñuel, Forqué, Fernán Gómez, etc.) son intercambiables porque ambas cinematografías muestran realidades muy similares y personajes parecidos.

La diferencia está en que si Berlanga o Buñuel hubiesen dirigido Ladrón de Bicicletas esta habría sido una comedia negra. Y si Rossellini o De Sica hubieran dirigido El Verdugo o Plácido las habrían convertido en tragedias.

Quizá por eso la unión entre el director italiano Marco Ferreri y el guionista español Rafael Azcona dio dos de las más ingeniosas películas del cine español: El Pisito (1958) y El Cochecito (1960). Dos comedias negras basadas en las desgracias de los personajes.

El Cochecito es una adaptación de uno de los relatos del libro Pobre, Paralítico y Muerto de Rafael Azcona.

Era el segundo guión que escribió Rafael Azcona (su opera prima, y la de Marco Ferreri, fue El Pisito) y algunos lo tachan de desigual.

Esto se debe a que Azcona y Ferreri se saltaron una de las reglas básicas de escritura cinematográfica: la de ir directo al grano y no escribir ni una escena, situación o réplica que no haga avanzar la acción o no dé información necesaria para la historia.

Ese es uno de los motivos por los que me gusta El Cochecito. Por todas esas escenas, situaciones y diálogos innecesarios, desde el punto de vista de la construcción dramática, pero que dan ambiente y color a la película.

Me refiero a esos personajes que aparecen antes o después de lo realmente importante de las escenas: Los dos frailes que llegan a la casa una de las veces que sale Don Anselmo, la vecina y su gallina, la conversación con la familia de Lucas, al principio de la película, cuando Don Anselmo va a buscarle a la vaquería...

Hay secuencias que se podrían suprimir y la pelicula ganaría en ritmo pero perdería encanto: la comida en casa de la marquesa, la conversación de Don Anselmo con el señor que espera a que su hijo le atienda en el despacho...

El Cochecito tiene algo muy característico del buen cine español de la época que hace que uno pueda ver esas películas varias veces descubriendo siempre cosas nuevas: Hay muchas escenas en las que, mientras en primer término sucede algo que hace que la historia avance, en segundo plano tiene lugar una escena paralela con su propio argumento.

Por ejemplo: Mientras Don Anselmo habla con su hijo y su nuera en la habitación de estos, vemos en la cocina -a través de la puerta abierta- a su nieta (Chus Lampreave) y al novio de esta (José Luis López Vázquez) desayunando y manteniendo una conversación que podemos seguir si dejamos de centrarnos en la principal.

O cuando el grupo de discapacitados espera a Don Anselmo en la calle para ir de excursión:

La escena empieza con Lucas explicando por qué tienen que esperar a Don Anselmo que viene en autobús y, a la vez que este diálogo sigue entre varios personajes, pasa a primer término la charla entre Julita y su novio.

Ambas conversaciones se mantienen al unísono (el espectador debe elegir cuál de las dos sigue) hasta que llega Don Anselmo y mientras, al fondo, aparecen las niñas de un colegio con las monjas que les acompañan.

Una vez han salido niñas y monjas de cuadro y Don Anselmo y sus amigos se marchan, la cámara nos mantiene en el mismo lugar donde ahora vemos un autocar al fondo y oímos una discusión entre varios pasajeros y el conductor.

En cuanto a los diálogos... La gracia de los chistes de Rafael Azcona reside más en la manera de hablar de sus personajes y en el uso de expresiones coloquiales que en los chistes en sí.

Bueno... y en lo absurdo de ciertas réplicas. Como en el momento en que el hijo de la marquesa se empeña en jugar con una enorme langosta muerta y Don Anselmo le comenta: "Es un animal muy cariñoso... Muy cariñoso y muy inteligente. Yo domé una..."

O cuando el dueño de la tienda de aparatos ortopédicos dice a Don Anselmo. "¿Que se le anquilosan las piernas? ¡Mejor! Si en el año 2000 nadie va a utilizar la piernas... Salvo los futbolistas, claro".

lunes, 18 de abril de 2011

Arsénico Por Compasión: Juego De Parejas

Cuando Mortimer (Cary Grant), acude a casa de sus ancianas tías para decirles que acaba de casarse y que esa misma tarde se va de luna de miel, descubre asombrado que esas dos encantadoras señoras esconden un cadáver en el arcón de la sala.

Mortimer oculta el hecho a Elaine (Priscilla Lane), su flamante esposa y, convencido de que el autor del homicidio es su hermano Teddy (John Alexander) que cree ser el presidente Roosevelt y está construyendo el Canal de Panamá en el sótano de la casa, decide tramitar el ingreso de este en un psiquiátrico antes de salir de viaje.

Pero sus tías Martha (Jean Adair) y Abby (Josephine Hull) descubren a Mortimer que han sido ellas las autoras del crimen. De hecho, le confiesan que tienen otros once cadáveres en el sótano, donde Teddy excava para construir su Canal.

El protagonista inicia una carrera contra reloj para internar a sus tías y a Teddy en el psiquiátrico mientras su esposa y un taxi le esperan en la puerta. Por si no era bastante, Jonathan (Raymond Massey), el hermano psicópata de Mortimer, se ha escapado de la cárcel y llega a la casa acompañado por un compañero de prisión, el Dr. Einstein (Peter Lorre) y por un cadáver que también pretende esconder en el sótano...

Arsénico por Compasión (Arsenic and Old Lace, 1944) es una comedia negra basada en la obra de teatro del mismo título escrita por Joseph Kesserlring y adaptada al cine por Julius J. Epstein y Phillip G. Epstein.

En su estructura, tiene un interesante juego de repeticiones como, por ejemplo, el gesto de Teddy que, cada vez que sube las escaleras a su habitación, toca la trompeta y grita "¡A la carga!", lo que provoca otra repetición: una de las agujas del reloj de la sala cae por el portazo que da Teddy y alguno de los habitantes de la casa debe volver a ponerla en su sitio.

Pero, sobre todo, en Arsénico por Compasión se repiten las parejas:

- Mortimer y su esposa que acaban de casarse.

-Las tías de Mortimer, dos hermanas que no sólo viven juntas sino que matan juntas.

-El hermano psicópata de Mortimer, Jonathan, y su compañero de celda, el Dr. Einstein.

-Hay dos médicos en la película: el psiquiatra que dirige el centro en el que Mortimer pretende internar a Teddy y el médico de cabecera que debe firmar los papeles (el Dr. Einstein, pese a afirmar que es cirujano y haberle hecho diferentes operaciones de estética a Jonathan no es, según nos aclaran al final de la película, médico).

-En cuanto a Teddy, ya es, en sí mismo, una pareja: la persona que realmente es y el presidente Roosevelt que cree ser.

-Podemos decir que hay dos asesinos en serie: Jonathan y el tandem formado por las tías de Mortimer.

-Dos escritores aficionados (el policía y el psiquiatra) empeñados, en dos escenas distintas a leer a Mortimer sus obras...

-También hay dos taxis: el que se pasa toda la película ante la puerta de la casa con su conductor desesperado por lo que sube el taxímetro y el que Mortimer llama en una de sus salidas para arreglar el papeleo de Teddy.

-Dos cadáveres a los que enterrar (el del arcón y el que Jonathan trae a la casa).

Para acabar de rizar el rizo, tenemos dos escenas que aluden a otras dos: Cuando Mortimer se burla de una obra de teatro que, asegura, es muy mala y cuenta, para demostrarlo, una escena de la misma en que el personaje abre un arcón y se encuentra dentro un cadáver que es, exactamente, lo que le está ocurriendo a él en ese momento. Y, más adelante, cuando Mortimer habla de otra situación que considera poco creíble de otra obra de teatro en la que el personaje se deja inmovilizar y atar por el asesino como acaba ocurriéndole a él en ese mismo momento.

jueves, 17 de febrero de 2011

Psychoville: Una Comedia Negra Británica

Imaginaos una serie con los siguientes personajes:

- Oscar Lomax, un millonario ciego que colecciona muñecos de peluche y cuyas máximas competidoras son dos hermanas siamesas tuertas.

- Mr. Jelly, un payaso manco que se dedica a amenizar fiestas infantiles de las que los niños acaban saliendo asustados y llorando por el mal humor y la agresividad del artista.

- David Sowersbutts, un hombre de 38 años que vive con su madre, Maureen Sowerbutts, obsesionado con la forma de "trabajar" de los asesinos en serie famosos a los que sueña con imitar.

- Maureen Sowerbutts, madre sobreprotectora de David que está dispuesta a convertirse en asesina en serie con tal de cuidar de su "niño".

- Joy Aston, una enfermera de prenatal que cree que su muñeco de trapo con cabeza de goma es un niño de verdad y no sólo lo trata como a tal sino que obliga a los demás a hacer lo propio.

- Robert Greenspan, un actor enano que representa un papel en una versión teatral de Blancanieves y que está convencido de que tiene poderes paranormales.

Si a esto añadimos que todos estos personajes reciben un anónimo de un misterioso hombre con guantes negros que dice "Se lo que hicísteis", tenemos una comedia negra llamada Psycoville.

Ya sé que la premisa de un tipo enmascarado que dice eso de "Sé lo que hicísteis y os voy a matar" está muy vista. Pero en Psychoville lo de menos es el misterioso individuo que amenaza con asesinarlos a todos ya que esa es sólo la excusa para juntar en la misma serie a unos desquiciados y pintorescos personajes y para que se sucedan, una tras otra, las situaciones divertidas y absurdas. Cada uno de los personajes tiene su propia trama a cual más loca y con cada una de ellas podría hacerse un largometraje.

Psychoville (2009) es una miniserie de la BBC escrita e interpretada por Reece Shearsmith y Steve Pemberton, miembros ambos del grupo de guionistas-actores The League Of Gentlemen. Reece Shearsmith interpreta a Mr Jelly (el payaso), a Maureen Sowerbutts (madre de David), y a tres personajes menores más. Por su parte, Steve Pemberton interpreta a David Sowerbutts, Oscar Lomax (el ciego), George (marido de la enfermera) y a un personaje menor.

La miniserie consta de 7 episodios y un especial realizado para Halloween del 2010. Esta primavera se emitirá la segunda temporada de 6 capítulos.

A destacar el episodio 4, centrado en David y su madre Maureen, en el que se rinde homenaje a la película de Hitchcock La Soga (The Rope) no sólo desde el guión literario (se repiten situaciones de la célebre película) sino también desde el guión técnico (el director Matt Lipsey realiza gran parte del episodio en un larguísimo plano secuencia en el que se repiten numerosos encuadres y movimientos de cámara de La Soga).

Si os gusta la comedia británica, os gustará Psychoville.